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"El que Adula a su Prójimo le Tiende una Trampa"

PROVERBIOS 29:5
Se hace verdaderamente preocupante cuando una sociedad sin proponérselo va cayendo en un estado de inconciencia tal, que pierde la capacidad  de visualizar, cuando está trabajando en el proyecto de su propia destrucción. Uno de los elementos básicos para que un pueblo, una  familia, o una institución de la mística que sea se encaminen hacia su propio fracaso, precisamente lo es  la ADULACION.
Existen dos clases de personas: los que le gusta que lo  adulen y los que se encargan de adular.
Hay muchas personas con deficiencias sico-emocional que llegan a convencerse de que son pluscuamperfectos y que todo lo que digan y hagan debe tener  la aprobación de los demás. La mayoría de estos individuos, se encuentran en todas partes, políticos, lideres  religiosos, empresarios, etc. Estos, ocupan de una forma u otra niveles de poder con el cual pueden saciar su necesidad de sentirse ser  como Dios. Es bueno tomar en cuenta que cada vez que alguien le sigue el juego de su deficiencia afectiva, se esta poniendo en peligro la realidad de muchos.
El que le gusta que lo adulen, vive siempre fuera de la realidad de los demás, para él los demás son peones de sus caprichos, seres que deben decir si señor y no señor, seres que no deben poseer nunca criterios independientes a  los de él, de lo contrario pondrían en peligro su afán de sentirse seguro. El que le gusta que lo adulen vive constantemente en su forma de hablar y de actuar mandando meta- mensajes  a quienes están en su entorno, para que estos se mantengan en la línea de rendir culto  a su persona, aplaudiendo aun hasta las decisiones más antihumanas y cristianas que pueda tomar y que se le puedan  ocurrir en su empobrecida mente.
El individuo que navega sobre este mar de imágenes inciertas como las que produce la adulación es profundamente egoísta e insaciable. A la hora de alimentar su ego contaminado del complejo de Superdotado, Es capaz de recurrir a su falsa autoridad  la cual es posible por los medios o recursos que pueda tener o manejar convirtiendo a todos los que les rodean en meras focas. Su personalidad se vuelve ansiosa y depresiva sobre todo cuando el ambiente no le favorece a su patología de sentirse importante.
Se vuelve violento e implacable sobre aquellos que se niegan postrarse ante él y festejar todas sus payasadas, las cuales, en muchas ocasiones, le cuestan muy caras a las mayorías.
Su fe religiosa es condicionada y si es ministro, es decir pastor o sacerdote, su servicio eclesiástico solo es compartido con aquellos que aplauden su doble moral e hipocresía. Cristo para estos ministros es simplemente un nombre para lucrarse, la comunidad un campo donde  venden su imagen de santo, ocultando tras su aduladores su alma de demonio.
Por otro lado  los que toman el sendero de adular para asegurar sus beneficios, se convierten en alérgicos a la verdad, hasta el punto de  que esta le resulta extraña y amenazante, pues se convencen de  que adular es la tarjeta que le asegura su vivir.
La mentira para estos que ejercen la adulación como medio de subsistencia, es su pasaporte de entrada a algún lugar, no importa cuan enfermo o  desequilibrado este el que desea la adulación, los que adulan solo le interesa que este siga moviéndose en el mundo de los  estratagemas que ellos con empeño y entusiasmo crean cada día para asegurar  sus intereses. El que adula anula de su ser el amor, pues se vuelve tan promotor de la mentira que su corazón se hace una sucursal del mal, pues no le importa cuantos sufran por  la adulación que el sostenga, lo que le interesa es cuanto  consigue.
El que adula para el escritor del proverbio tiende una trampa.
El adulador en el ambiente que se encuentre ya sea  secular o religioso se convierte en un sicario de la realidad, pues necesita asesinarla a diario en los oídos de aquel, que sin los cuentos y las demagogias se le haría  imposible su existir.
Tanto el que le gusta que lo adulen como el adulador, son individuos que en una sociedad que se respete deben ser sancionados, pues gentes como estas representan en su máxima expresión, la insensibilidad humana, porque tanto el que da la adulación como el que la recibe, son enfermos ego centristas, que  sin piedad sepultan los valores más sanos de una sociedad, con tal de que su mezquindad y su podredumbre, no salgan
a la luz.
Estamos llamados a una renovación espiritual, no debemos continuar en el camino de la
Adulación porque en él estaremos muy lejos de Dios.
Poner la mirada en Cristo es poner nuestros ojos en  la verdad, busquémosle a EL y  curémonos, de ese cáncer mortal de la adulación.

Reverendo Padre Manuel Estévez
Iglesia Episcopal Dajabón